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Mucho ha llovido desde que Ernst Miller Hemingway recorriera el empedrado pamplonés convirtiéndose en su más ilustre y asiduo visitante. Sin siquiera imaginarlo, aquel San Fermín del 23, el primero de muchos, inauguraría la labor de ferviente abanderado de la ciudad, en lengua inglesa e incluso alemana, que por igual disfrutó en la realidad y en la ficción. Y si bien es justo admitir que al norteamericano le debe Pamplona una proyección internacional, negar que la capital navarra le premió con un caudal de inspiración sería faltar a la realidad. Escritor y escenario compartieron la filosofía del buen vivir, del momento irrepetible y de la sorpresa. “Todo adquiría un tinte de irrealidad y parecía que nada de lo que pasara en esos días podría tener consecuencias”, describía el novelista en Fiesta (1927). De su juicio acertado y su memoria inolvidable dan fe aún muchos de sus lugares favoritos.

Plaza del Castillo,Pamplona

La desaparecida Pensión Eslava, en el cuarto piso del 5 de la Calle Eslava, recibió al entonces joven periodista. Sólo unas noches tardó en trasladarse al todavía más céntrico Hotel Quintana, en la Plaza del Castillo, y apenas unos minutos para hacer de su dueño Juanito Quintana su primer amigo y personaje literario local, aunque bajo el nombre de señor Montoya y bajo el cargo de propietario del Hotel Montoya. Un año después, Hemingway cumpliría su sueño de alojarse en la habitación 217 (hoy 201) del Hotel La Perla, que hoy mantiene intacto el aspecto de entonces y una de las mejores vistas del encierro, a la mitad del tramo de la Estafeta. La suite se convirtió en hogar anual del estadounidense, el dueño del hotel en su cómplice incondicional de la fiesta y los trabajadores en sus más fieles colaboradores a la hora de mantener los mejores vicios del vividor en la más absoluta y secreta discreción.

Café Iruña

En La Perla reabrió recientemente el restaurante Hostal del Rey Noble (Calle Estafeta, 24). También conocido como La Cocina de Alex Múgica, por su chef estrella, uno de los mejores de la región, se llamó durante años Las Pocholas. En tiempos de Hemingway estaba ubicado en el Paseo de Sarasate, pero su comedor completo con todo el mobiliario que conoció el escritor, han sido íntegramente rescatados e instalados en su nueva sede, como si el tiempo no hubiera pasado. El otro preferido del autor, desde que lo descubre en 1926, era la desaparecida Casa Marceliano (Calle del Mercado, 7-9), “a donde íbamos a comer, beber y cantar después del encierro”, dejó escrito el autor, quien además del cordero al chilindrón y el estofado de toro, devoraba apasionadamente el ajoarriero “al estilo de Pamplona”. Más soleado, su recorrido gastronómico se completaba con pinchos y vinos en la terraza del Bar Txoko (Plaza del Castillo, 20), uno de los puntos de la geografía pamplonesa donde más veces fue fotografiado.

Puerta de Chiqueros, Pamplona

Desde el Txoko, Hemingway recorría los porches de la plaza explorando sus espacios irresistibles: los cafés. Lo hacía a veces acompañado de su amigo Antonio Ordóñez, a quien iba a buscar al Hotel Yoldi (Avenida de San Ignacio, 11) para que le ayudara a asomarse al mundo taurino desde la profundidad de quien se juega la vida en ello. Al Café Bar Tonino lo inmortalizó como Bar Milano en Fiesta (1927), compartiendo protagonismo con el Café Suizo, dos veces mencionado en la novela, en el número 37 de la plaza. Los dos, junto al también visitado Café Kutz, han ido desapareciendo años después. No así el mítico Café Iruña (Plaza del Castillo, 44). Primer establecimiento con luz eléctrica de la ciudad en 1888, todavía recuerda el estilo de los locales parisinos de la Belle Époque que disfrutó el aventurero a sorbos. En su recuerdo, un retrato tamaño natural en bronce quedó apoyado en la barra del llamado “rincón de Hemingway”. No es la única escultura en su honor. El Monumento a Ernst Hemingway, obra de Luis Sanguino, contempla el callejón de entrada a la Plaza de Toros. Ni el propio genio pudo nunca imaginar que su mirada descansaría desde 1968 allá donde confluyen el encierro y el paseo que lleva su nombre. Si quieres reescribir sus pasos también tú, te ofrecemos hoteles y hostales muy económicos en el centro de Pamplona.

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