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Toledo es la “ciudad de las tres culturas” por merecimiento propio ya que albergó durante varios siglos una convivencia ejemplar entre cristianos, judíos y moros. Esto es por todos sabido, lo que no es tan conocido es el misterio y las leyendas que acoge en sus entrañas. Y es que la mítica Toletum alberga, bajo sus calles, todo un extenso intrincado de pasadizos, cuevas y escondites que han dado lugar a las más variopintas habladurías y leyendas que no hacen si no enriquecer el patrimonio de la ciudad.

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El lugar más famoso de todos, tanto por locales como visitantes, es la Cueva de Hércules, situado bajo el número 2 y número 3 del Callejón de San Ginés. Hasta 1841 el solar lo ocupaba la Iglesia de San Ginés que hoy en día ya no existe y de la que sólo se conserva la fachada. La construcción subterránea se creó en tiempos de los romanos como aljibe para almacenar agua, algo a la orden del día entre los ingenieros latinos. Sin embargo, esta utilidad no se supo hasta hace unos años y hasta entonces se especulaba sobre la utilidad que tenía el lugar. Se dijo que si servía de refugio a paganos perseguidos por cristianos, a cristianos perseguidos por musulmanes, a judíos y musulmanes perseguidos por cristianos… En fin, una larga lista que no llevaba a ningún lado. Pero la leyenda que dio nombre a la cueva fue la que contaba que el espacio fue creado por el mismísimo Hércules y allí se dedicó a enseñar artes ocultas y nigrománticas hasta su muerte que fue cuando quedaron ocultos muchos males y maldiciones. Escondidos hasta que el rey don Rodrigo (el que perdió España a manos de los moros) la descubrió y al abrirla liberó todos los males allí retenidos que trajeron la desgracia a la Península.

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Para los árabes el agua también era importante y esto queda reflejado en los Baños del Cenizal, situados en un sótano en la calle Bajada del Colegio de Infantes, 14. El espacio ha sido restaurado para permitir visitas y allí nos encontraremos dos salas: la de entrada, que hacía de recibidor, y la de agua fría. Tanto la de agua templada como la de caliente se encuentran bajo otros edificios colindantes y, por ahora, no pueden ser visitadas.

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Tras tanta bajada al subsuelo en el que, advertimos, hace frío y hay que llevar algo para cubrirse, podemos pasarnos por la cervecería El Trébol (calle Santa Fe, 1), muy cerca del Museo de Santa Cruz, para refrescar el gaznate y llenar el estómago con algunas de sus riquísimas tapas. Es un establecimiento muy barato donde podrás tomar muy buena comida y además en un entorno recientemente reformado con fachadas barrocas y terraza propia. Si no quieres desconectar de los subterráneos, el local dispone de un sótano en su parte interior. Muy recomendable sus bombas (patata rellena de carne con salsa) y sus domus (cerveza artesanal fabricada en Toledo).

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Continuando con la ruta “oculta”, podemos dirigirnos a la Casa del Judío, situado en plena judería toledana. Esta casa destaca por su patio, lleno de artesanías en yeso, pero sobre todo por su sótano que se cree estaba destinado a baños con fines religiosos y ceremoniales. En este mismo sótano se puede contemplar una madera tallada con versos de la Torah que no hacen si no confirmar la naturaleza sacra del lugar. Pero, por supuesto, también hay una leyenda la cual dice que esta casa perteneció a Ishaq, judío que prestó dinero a la reina Isabel la Católica, para su empresa de las Indias, a cambio de sus joyas.

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Muy cerca de allí, nos encontramos con la Plaza de El Salvador, con su famosa Iglesia de San Marcos que actúa de Archivo Municipal. Bajo esta plaza se descubrió en 2002, toda la existencia de un sótano con bóvedas que se extiende por diversas calles que parten de la plaza.  Aunque varias partes de la construcción se encontraron en estado ruinoso, se ha sabido recuperar con gran maestría y hoy puede visitarse con facilidad y comodidad. Servía, cómo no, de aljibe y posee una abertura hacia arriba que servía de boca de pozo para extraer el agua allí almacenada. No se sabía de su existencia hasta hace poco y se cree que fue construido entre los siglos XII y XIII.
Pero como en Toledo hay muchos lugares ocultos a la luz del sol que no nos da tiempo a contar, os dejamos una larga lista de alojamientos a muy buen precio para que puedas pasar la noche en la ciudad y seguir explorándola por tu cuenta.

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Un comentario a “Toledo subterráneo”

  1. […] este caso, y si anteriormente ya le mostrábamos en nuestro espacio el ‘Toledo subterráneo’, hoy le toca el turno a la gastronomía en miniatura de la zona. Hablamos por supuesto de los bares […]

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