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Correr delante de un toro bravo, cortar a trozos un tronco de haya a él subido, tocar cientos de tambores y poner a vibrar toda una ciudad durante 24 horas seguidas, quemar espectaculares monumentos después de tirarse varios meses preparándolos y reventar explosivos frente al ayuntamiento subiendo la temperatura acústica hasta los 120 decibelios: Hasta ahí, todo normal, o casi… Pero, ¿qué hay de las celebraciones verdaderamente raras?

Santa Marta de Ribarteme

Sta Marta de Ribarteme

Somos diferentes. Y si a alguien le queda todavía alguna duda de ello, basta una mirada a nuestra geografía para descubrir que todos tenemos un muerto en el armario; o fuera de él, como representa el caso de la Romería de los Cadaleitos de Santa Marta de Ribarteme, en As Neves, en la provincia de Pontevedra y muy cerca de Vigo. Catalogada como la “segunda fiesta más rara del mundo” por el periódico The Guardian, este evento religioso pasea en ataúd a penitentes que agradecen a la patrona que les mantenga vivos después de alguna circunstancia difícil. Los familiares cargan con la caja, bajo el intenso sol del 29 de julio, en una inquietante procesión, que lleva repitiéndose más de tres siglos. No muy lejos, en Sandoval de la Reina, al noroeste de Burgos, tampoco se echa en falta originalidad. El Torneo de Lanzamiento de Azada, que se organiza con motivo de las Fiestas de Verano, en agosto, cumple este año la undécima edición. Con su peligroso estilo que zarandea la azada desde atrás y la lanza desde debajo de las piernas, el evento reúne a locales y curiosos en torno a esta antigua costumbre que podría dejar sin voz a cualquier novato.

tunos lanzando el hueso de oliva

Sin embargo, no son azadas lo único que tiramos en territorio nacional, ni muchísimo menos. Que se lo pregunten a los habitantes de Cieza, al norte de Murcia, una pequeña localidad cuya grandeza ha alcanzado fama internacional, gracias a su Campeonato del Mundo de Lanzamiento de Huesos de Oliva. Sus orígenes se remontan a la Edad de Piedra. El evento cuenta desde 2006 con una réplica simultánea en el Central Park de Nueva York. Los mejores participantes, que competirán el próximo 31 de agosto a las 13:33 en la Calle Reyes Católicos, tratarán de batir el récord que ostenta desde hace dos años Pedro Ramos, con 21,43 metros. La Asociación Amigos de las Oliveras lucha porque esta práctica sea nombrada deporte olímpico y está en trámites de crear la Federación Internacional de Lanzamiento de Huesos de Oliva (FILHO), como exige el Comité Olímpico Internacional (COI), con el que la organización ya ha contactado. Parte de este objetivo es la promoción que ha llevado a varios lanzadores en exhibición a latitudes remotas como Pekín y cercanas como Pamplona, que ya bastante tiene con los excesos sanfermineros, entre los que destaca el salto desde la Fuente de la Navarrería, de seis metros de altura, para caer (o no) en los brazos de un ejército de pletóricos y perjudicados turistas.

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Aunque si de arrojar se trata, La Tomatina de Buñol, en Valencia, es definitivamente la fiesta más vistosa de su clase. Los amantes de la salsa, y no precisamente tropical, se reúnen el último miércoles de agosto para rendir homenaje a una trifulca que sucedió en 1945 y que se ha convertido en un clásico de las fiestas del pueblo. Toneladas de tomates cultivados para la ocasión en Xilxes, Castellón, vuelan por los aires tiñendo a cientos de personas de un rojo intenso. El festival cuenta ya con imitadores en China, Costa Rica, Chile, Colombia y Estados Unidos, pero para tomates, los nuestros.

tomatina bougnole

Más espiritosa, pero similar en esencia, es la Batalla del Vino, en los Riscos de Bilibio de la localidad riojana de Haro. El 29 de junio, con motivo del día de San Pedro, esta Fiesta de Interés Turístico Nacional convierte botas, botellas, sulfatadoras, pistolas de agua y ollas varias en disparadores de vino tinto contra los fieles vestidos de blanco. La batalla puede llegar a emplear unos 40.000 litros y termina con una misa en la Ermita de San Felices de Bilibio y un almuerzo típico a base caracoles.

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La versión más dulce de una guerra gastronómica es la Merengada, que cumple este año cuatro décadas como parte, ya imprescindible, del centenario Carnaval de Vilanova i la Geltrú, a poco más de media hora de Barcelona. La mayoría de las pastelerías del municipio participan el Jueves Lardero, primer día de carnaval, en una gigantesca batalla de merengue, en la que los protagonistas son los niños. Por la noche, después de cenar, los adultos tienen su propia batalla blanca.

Merengada a la pastisseria Blanch de VNG

Sin embargo, la fiesta más chocante de los pueblos españoles, después de que se prohibiera el Salto de la Cabra en Manganeses de la Polvorosa en 2002 y hoy la cabra pasee por el pueblo junto a los quintos del año, en lugar de caer desde un campanario a 25 metros de altura sobre una lona, es probablemente el Salto del Colacho, en Castrillo de Murcia, Burgos.

El Colacho II

El primer domingo después del Corpus Christi, esta costumbre, que ha sido declarada de Interés Turístico Nacional, se celebra como parte de la procesión. Un personaje llamado Colacho, que representa al demonio, corre y salta por encima de los niños que han nacido en el año y que se han colocado previamente en pequeños colchones. Según la creencia, al pasar sobre los bebés, el Colacho los limpia de todo mal. Tú no tendrás que limpiarte el bolsillo si necesitas ver para creer. Son muchas las opciones económicas de hoteles y hostales en estas poblaciones y sus capitales más cercanas. Eso sí, lleva ropa de repuesto y deja en casa todos los prejuicios.

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