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Patrimonio Mundial de la Humanidad, integrada en la Red de Juderías, ciudad de las tres culturas, románico e espiritualidad, conventos, (junto a Zamora, Segovia y Soria, una de las ciudades españolas con mayor número de iglesias románicas) murallas (una de las mejores conservadas de Europa), palacios y casas señoriales son más que suficientes razones como para visitar tan ecléctica villa.

La Catedral de San Salvador, la Casa de los Deanes (museo de la ciudad), Santo Tomé el Viejo, el convento de Santa Teresa, el Palacio de los Benavides y el de los Serrano así como la omnipresente muralla trasladan al viajero a otra época donde el pasado interactúa con el presente a través de la extraordinaria riqueza que Ávila ostenta con orgullo y dignidad castellana.

Pero en esta ocasión recalaremos en otro tipo de patrimonio que, aunque más crematístico, alimenta igualmente los sentidos: la rica, calórica e inigualable gastronomía abulense sustentada en productos de la tierra y que combate con destreza y buen hacer los rigores del invierno castellano. La conocida como “Triada Gastronómica” que consiste en una suerte de tres platos tan arraigados a la ciudad como las mismas murallas románicas: las tiernas judías del Barco, el chuletón de ternera y de postre las archifamosas yemas de la Santa. Productos de la tierra con denominación de origen registrado que son solamente el podio de la buena mesa de la región aunque no debemos pasar por alto otras especialidades como: la carilla (pequeña judía blanca con una pinta negra) de las riberas del Tormes o el garbanzo de La Moraña al norte de la provincia.

En el apartado de las carnes destacan: el cabrito de Candeleda ,el cordero del valle de Amblés y el cochinillo asado o tostón del norte de la provincia. Comida sencilla de gran calidad y especialmente acondicionada para paliar las bajas temperaturas de la zona de la mano de una buenas sopas de ajo o castellanas condimentadas con un especial pimentón oriundo de Candeleda en plena Sierra de Gredos. El cuchifrito (cochinillo frito), el lomo de olla y las patatas revolconas merecen también un puesto de honor. De lo fluvial, las exquisitas truchas y del mar el bacalao, preparado en diferentes guisos y servido, sobre todo, en Semana Santa.

De postre los sabrosos melocotones de Burgohondo, la manzana reineta del Barco de Ávila, la cereza del Valle del Tiétar o el higo de Poyales sin olvidarnos de la repostería capitaneada por las yemas y comandada por los mantecados, perrunillas, amarguillos, jesuitas, empiñonados y torrijas. Restaurantes como: Cuatro Postes, el Bar Restaurante Palomar, el Casa Felipe al lado del AyuntamientoCasa GuillermoCasa PostasEl Labrador o El Torreón, entre otros tantos, dan buena cuenta de ello.

Por último y para bajar la pitanza, recomendable es y sí el tiempo no lo impide, cruzar el río Adaja y contemplar la extraordinaria panorámica que desde el Humilladero de los Cuatro Postes la ciudad ofrece. Y para pernoctar recordaros solamente que contamos con la mejor oferta de hoteles y hostales a precios muy económicos.

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