Primavera madrileña para los peques

Publicado el 25 Marzo 2012 por Jesus Huarte

Llega el buen tiempo y las opciones para disfrutar de las casi 5.000 hectáreas verdes de Madrid se multiplican. Ejercicio, paseos, picnics y descanso se pueden compaginar también con pasar tiempo con los niños, que pueden aprovechar un sinnúmero de actividades infantiles que la Consejería de Medio Ambiente y las asociaciones culturales organizan para ellos, al siempre módico precio de gratis.

Anillando al martín pescador

Opciones hay para todos los gustos, la mayoría siguiendo un enfoque ecológico y educativo como el de los itinerarios ornitológicos de tres horas de duración, que van rotando por escenarios como la Casa de Campo (Paseo Puerta del Ángel, 1), Dehesa de la Villa (Calle Francos Rodríguez, 79), el Monte de El Pardo, el Parque Lineal del Manzanares (entre Calle Embajadores, Calle Mezquita, Camino de Perales y Calle 30), el Parque Juan Carlos I (Glorieta S.A.R. Don Juan de Borbón y Battemberg, 5) y el Parque del Oeste (Paseo Moret, 2), entre principios de abril y finales de junio. Los menores tienen que ir acompañados por un adulto y para tienes que reservar llamando a los teléfonos 91 552 3193 y 91 552 9324 o escribiendo a avesybiodiversidad@entornopye.com. Los itinerarios son parte del programa Descubre las aves de la Escuela de Primavera, que además incluye talleres de anillamiento científico para estudiar la biodiversidad local y entender cómo se lleva un cálculo de las especies endémicas, en el Monte de El Pardo, Dehesa de la Villa, la Casa de Campo y el Parque del Oeste.

Foto de recuerdo del Templo de Debod, chicos.

El Parque Juan Carlos I, en el distrito de Barajas, mantiene además con su Tren del Parque, en el que se puede recorrer en 30 minutos y sin pagar un céntimo, la extensión completa. Como novedad, hay gymkhanas, olimpiadas, jornadas de juegos de mesa del mundo y talleres de huertos urbanos para toda la familia y de animales para los más pequeños (que puedes reservar llamando al 630 630 710).

Ninos @ Retiro

El Jardín del Templo de Debod (Calle Ferraz, 1), muy cerca de la Plaza de España, ofrece la posibilidad de conocer la flora mediterránea y explorar un auténtico templo egipcio, todo sin salir de la capital. Hay visitas guiadas para grupos familiares, con reserva en el teléfono 91 366 7415 del Museo de los Orígenes. El mirador de este parque ofrece uno de los mejores atardeceres de Madrid, con el sol tiñendo el Palacio Real y la Casa de Campo. Prácticamente al lado, el Parque del Oeste continúa el recorrido infantil con su gymkhana de las aves y el auténtico jardín botánico que puebla su área.

9083 Patos 0672

De visita obligada en primavera, el Jardín Histórico “El Capricho” de la Alameda de Osuna (Paseo Alameda de Osuna, 25) ofrece un espectáculo botánico incomparable. Además, sobre su alfombra de colores se pueden contemplar cisnes negros, ardillas rojas, ánades, musarañas y ratones de campo y en los cedros, plátanos, tejos, cipreses y castaños de indias, mirlos, palomas torces, petirrojos, ruiseñores, herrerillos y pitos reales. Los itinerarios guiados incluyen divertidas anécdotas de los jardineros. Para reservar, puedes llamar al 91 639 7869 o escribir a paa@sma.com.es.

El lobo

Otro clásico en la ciudad es el Teatro de Títeres de la Avenida de Méxio, s/n, en los Jardines del Buen Retiro (Plaza Independencia, 7), en el barrio de Los Jerónimos. A cargo de la Asociación Cultural Titirilandia, este escenario ofrece funciones los sábados y domingos a las 18:30 desde abril hasta septiembre y a las 12:30 desde octubre hasta marzo. Y para que puedas sacar el máximo provecho a tu estancia, te sugerimos hoteles y hostales a precios muy asequibles en Madrid.

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Madrid con Café

Publicado el 11 Enero 2012 por Elias Zapata

Muchos son los establecimientos dedicados a la bebida que se obtiene a partir de la mezcla en agua caliente de granos tostados de la planta de café. El éxito del café quizás se deba a su efecto vigorizante, tonificante y estimulante que la cafeína aporta, a su embriagante aroma o a la inabarcable literatura que al respecto se ha ido acumulando en nuestro imaginario colectivo. Cierto es, que el café está presente en muchas de las más intimas conversaciones, es aliado de momentos aciagos y torrente estimulante y diurético que actúa sobre el sistema nervioso central, corazón, venas, arterias y riñones. Pues bien, tan visceral bebida consumida por un tercio de la población mundial (la mitad de la población mundial es consumidora de té) y que cuenta con verdaderos adepto-adictos, cuenta con auténticos templos cafeteros en Madrid.

Café del Real

De los literarios destacar el Gran Café Gijón que desde 1888 acoge tertulias y reuniones de intelectuales en el madrileño Paseo de Recoletos. Ambiente decimonónico que se expande desde sus camareros hasta el vendedor de tabacos pasando por su decoración y menaje. Si encuentras mesa cerca de la ventana te puedes sentir por un momento Valle-Inclán o Baroja, asiduos impertérritos de este excelente café.

Cafe Gijon

El Café Comercial sito en la Glorieta de Bilbao y fundado un año antes que el Gijón, es otra reliquia de otro tiempo aderezado con algún matiz de este siglo como la paridad en su servicio (fue el primer café que admitió camareras en su staff) y wifi. Atentos a los riquísimos churros hechos en el momento, ideales para mojar ya sea en café o chocolate. Cercano, en el Barrio de Chueca está el Café Acuarela: íntimo y poseedor de una cantidad ingente de mobiliario que convierte a tan acogedor local en una almoneda donde se combinan con desigual acierto lo barroco, lo religioso y lo pagano. Sin salir del barrio, el Café Belén, en la calle del mismo nombre, ofrece intimidad a la luz de las velas bajo una selección musical apta para la tertulia sosegada.

cafe Comercial, Madrid

El Café Central, en el Barrio de Las Letras es otro de los cafés referentes de la escena madrileña en cuanto a programación musical se refiere: Jazz nacional e internacional se dan cita en este espacio que es un hito para los melómanos de barba poblada y pipa que se dan cita en un ambiente que recuerda la progresía setentera preconstitucional.
En la madrileñísima y sempiterna calle de Alcalá, dentro del imponente edificio del Círculo de Bellas Artes se encuentra su espectacular café de decoración modernista y ambiente cosmopolita con una vista privilegiada del Banco de España, la Fuente de Cibeles y la confluencia de Alcalá con Gran Vía. Cuenta con una terraza climatizada bajo grandes toldos de color Burdeos, verdadero lujo señorial de ayer y hoy.

cafe del circulo de bella artes

En el número 9 de la calle Segovia, muy cerca del Palacio Real, la Plaza Mayor y el Mercado de San Miguel, el Café del Nuncio se presenta a ojos del paseante sobre una escalinata poblada de mesas dispuestas en terraza. En su interior terciopelos rojos y fotos de la ciudad antiguas y en blanco y negro.
Aledaño al Teatro Real y compartiendo nombre, el Café del Real guarda esa reconocible esencia de los establecimientos de principios del siglo pasado aliñado, en este caso, con la atmosfera musical que se palpa por la zona. De paso puedes hacer aunque sea un recorrido visual por el terreno y te encontrarás con la Plaza de Oriente, el pomposo Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

Café Central

En el Barrio de Malasaña existe una nutrida representación de cafés diseminados por sus recoletas calles. Un clásico es el Pepe Botella en la Calle de San Andrés, 12 muy cerca de la Plaza del Dos de Mayo. Clientela fiel formada por residentes, estudiantes extranjeros y una panoplia asidua de artistas y creadores del barrio. Otro legendario es el Isadora ideal para café y charla. Otros cafés cercanos son el Ruiz y el Manuela, auténticos supervivientes en una zona bien guarnecida de clubs y bares de marcha.

Cafe Ruiz

Aún a sabiendas que la lista es amplia, aquí os dejamos una pequeña terna de establecimientos donde el café se dispensa en un entorno agradable sin menoscabo de la calidad y el aroma del producto. También es bueno saber que en dosis controladas el café tiene efectos beneficiosos para el organismo. No en vano es aconsejable para tratar las migrañas, previene la aparición de caries, disminuye la depresión y ayuda a estar alerta y concentrarte entre otros parabienes. Pero si de dormir se trata, te ofrecemos una excepcional lista de hoteles y hostales económicos que, en algunos casos, incluyen desayuno y en los que nunca falta café.

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Pamplona, Hemingway’s way

Publicado el 07 Enero 2012 por Jesus Huarte

Mucho ha llovido desde que Ernst Miller Hemingway recorriera el empedrado pamplonés convirtiéndose en su más ilustre y asiduo visitante. Sin siquiera imaginarlo, aquel San Fermín del 23, el primero de muchos, inauguraría la labor de ferviente abanderado de la ciudad, en lengua inglesa e incluso alemana, que por igual disfrutó en la realidad y en la ficción. Y si bien es justo admitir que al norteamericano le debe Pamplona una proyección internacional, negar que la capital navarra le premió con un caudal de inspiración sería faltar a la realidad. Escritor y escenario compartieron la filosofía del buen vivir, del momento irrepetible y de la sorpresa. “Todo adquiría un tinte de irrealidad y parecía que nada de lo que pasara en esos días podría tener consecuencias”, describía el novelista en Fiesta (1927). De su juicio acertado y su memoria inolvidable dan fe aún muchos de sus lugares favoritos.

Plaza del Castillo,Pamplona

La desaparecida Pensión Eslava, en el cuarto piso del 5 de la Calle Eslava, recibió al entonces joven periodista. Sólo unas noches tardó en trasladarse al todavía más céntrico Hotel Quintana, en la Plaza del Castillo, y apenas unos minutos para hacer de su dueño Juanito Quintana su primer amigo y personaje literario local, aunque bajo el nombre de señor Montoya y bajo el cargo de propietario del Hotel Montoya. Un año después, Hemingway cumpliría su sueño de alojarse en la habitación 217 (hoy 201) del Hotel La Perla, que hoy mantiene intacto el aspecto de entonces y una de las mejores vistas del encierro, a la mitad del tramo de la Estafeta. La suite se convirtió en hogar anual del estadounidense, el dueño del hotel en su cómplice incondicional de la fiesta y los trabajadores en sus más fieles colaboradores a la hora de mantener los mejores vicios del vividor en la más absoluta y secreta discreción.

Café Iruña

En La Perla reabrió recientemente el restaurante Hostal del Rey Noble (Calle Estafeta, 24). También conocido como La Cocina de Alex Múgica, por su chef estrella, uno de los mejores de la región, se llamó durante años Las Pocholas. En tiempos de Hemingway estaba ubicado en el Paseo de Sarasate, pero su comedor completo con todo el mobiliario que conoció el escritor, han sido íntegramente rescatados e instalados en su nueva sede, como si el tiempo no hubiera pasado. El otro preferido del autor, desde que lo descubre en 1926, era la desaparecida Casa Marceliano (Calle del Mercado, 7-9), “a donde íbamos a comer, beber y cantar después del encierro”, dejó escrito el autor, quien además del cordero al chilindrón y el estofado de toro, devoraba apasionadamente el ajoarriero “al estilo de Pamplona”. Más soleado, su recorrido gastronómico se completaba con pinchos y vinos en la terraza del Bar Txoko (Plaza del Castillo, 20), uno de los puntos de la geografía pamplonesa donde más veces fue fotografiado.

Puerta de Chiqueros, Pamplona

Desde el Txoko, Hemingway recorría los porches de la plaza explorando sus espacios irresistibles: los cafés. Lo hacía a veces acompañado de su amigo Antonio Ordóñez, a quien iba a buscar al Hotel Yoldi (Avenida de San Ignacio, 11) para que le ayudara a asomarse al mundo taurino desde la profundidad de quien se juega la vida en ello. Al Café Bar Tonino lo inmortalizó como Bar Milano en Fiesta (1927), compartiendo protagonismo con el Café Suizo, dos veces mencionado en la novela, en el número 37 de la plaza. Los dos, junto al también visitado Café Kutz, han ido desapareciendo años después. No así el mítico Café Iruña (Plaza del Castillo, 44). Primer establecimiento con luz eléctrica de la ciudad en 1888, todavía recuerda el estilo de los locales parisinos de la Belle Époque que disfrutó el aventurero a sorbos. En su recuerdo, un retrato tamaño natural en bronce quedó apoyado en la barra del llamado “rincón de Hemingway”. No es la única escultura en su honor. El Monumento a Ernst Hemingway, obra de Luis Sanguino, contempla el callejón de entrada a la Plaza de Toros. Ni el propio genio pudo nunca imaginar que su mirada descansaría desde 1968 allá donde confluyen el encierro y el paseo que lleva su nombre. Si quieres reescribir sus pasos también tú, te ofrecemos hoteles y hostales muy económicos en el centro de Pamplona.

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Madrid, con todas Las Letras (II)

Publicado el 23 Diciembre 2011 por Jesus Huarte

Desde la Iglesia de San Sebastián, pasando el Palacio de Teca, antes Fonda de San Sebastián y escenario de largas tertulias del Romanticismo entre personalidades como Jovellanos y Cadalso, y la Plaza del Ángel llegamos a la de Jacinto Benavente, que rinde tributo al Premio Nobel de 1922. A unos metros, daría comienzo la historia de la dramaturgia en los escenarios madrileños en el primer corral de comedias de Madrid, el Corral de la Cruz, inaugurado en 1579 en la intersección de las calles Cruz y Espoz y Mina. Una placa recuerda el punto en el que este corral de la Hermandad de la Soledad llegaría a convertirse en Teatro de la Cruz y a estrenar grandes obras como El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín, o el Don Juan Tenorio, de José Zorrilla.

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Por varios siglos, la prominencia del Corral de la Cruz sólo fue superada por la del Corral del Príncipe, abierto en 1583 por la Cofradía de la Pasión y de la Soledad. De mayor tamaño y condiciones tan lujosas como un suelo empedrado y un vestuario para los actores, este hito del Siglo de Oro de la literatura española dio lugar en 1849 al Teatro Español (Calle del Príncipe, 25) único teatro que ocupa el espacio de un corral de comedias en la ciudad. Junto al teatro, el Café del Príncipe fue escenario desde 1829 de las más importantes tertulias literarias de la época, inmortalizadas por el mismísimo Azorín con la descripción: “el solar del romanticismo castellano” y llamadas por los propios escritores asiduos, entre ellos Ventura de la Vega que tiene su calle a dos manzanas, tertulias de “El Parnasillo”. Hoy, el Parnasillo del Príncipe (Calle del Príncipe, 22) mantiene la estética del XIX, pero es un pub irlandés. Frente a la entrada del teatro, en la Plaza de Santa Ana, podemos ver ahora el Monumento a Federico García Lorca, esculpido por Julio García Fernández en 1986.

Teatro de la Comedia. Calle Príncipe. Madrid

Aunque posterior al Teatro Español, en la misma calle se encuentra otro clásico, el Teatro de la Comedia (Calle del Príncipe, 14), inaugurado en 1875 por Alfonso XII. A pesar de haber sido parte de la dramaturgia española y estar en buen estado, hoy se encuentra abandonado, igual que su café, El Gato Negro. Siguiendo hacia la Carrera de San Jerónimo, en la esquina con la Calle Victoria, La Fontana de Oro (Calle Victoria, 1) ha recuperado su nombre. Hoy también pub irlandés, este café mítico de las tertulias del romanticismo fue tan crucial en la literatura que dio nombre a la primera novela de Benito Pérez Galdós. El autor y sus personajes se contaban entre sus más frecuentes visitantes.

Callejón del Gato del Esperpento de Valle-Inclán. Calle Álvarez Gato. Madrid

Otro lugar del barrio que inspiró las páginas de un clásico es el Callejón de Álvarez Gato, dedicado a un poeta del siglo XVI. En él, Ramón María del Valle-Inclán imaginó el esperpento, al sumar al ambiente de la bohemia la imagen de los transeúntes reflejados en los espejos cóncavos de un café. Valle-Inclán vivió muy cerca, en la Calle de Santa Catalina, 10, prácticamente junto a la que fue sede del Ateneo de Madrid (Calle Prado, 21) desde 1884, que llegaría a presidir en 1932. Junto a él eran asiduos de las tertulias literarias de esta institución creada en 1835 por personalidades como el Duque de Rivas y Mesoneros Romanos, grandes escritores de la talla de Miguel de Unamuno y Manuel Azaña. Entre grandiosos edificios y calles irregulares del barrio, algunos de los más geniales pensadores se han asomado a la historia. A veces para describirla, a veces para crearla, a veces para criticarla y, a veces, para simplemente sobrevivir. “Deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida de España”, Max Estrella en Luces de Bohemia (Ramón María del Valle-Inclán, 1920). Si quieres releer el Barrio de las Letras desde una nueva perspectiva, te ofrecemos hoteles y hostales económicos en el centro de Madrid.

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Madrid, con todas Las Letras (I)

Publicado el 18 Diciembre 2011 por Jesus Huarte

Érase una vez un barrio que congregaba a los más distinguidos literarios; que inspiraba sus ensayos y novelas; que envolvía sus tertulias con un aroma intenso de café y tabaco; y que preservó para el recuerdo la ruta que ellos mismos, día a día y a veces entre páginas, nos escribieron. El Barrio de Las Letras o de Las Musas, como lo conocieron los clásicos, sigue siendo aún hoy uno de los más auténticos del centro madrileño.

Miguel de Cervantes. Convento de las Trinitarias Descalzas. Calle Lope de Vega. Madrid

Desde la Plaza de Jacinto Benavente hasta el Paseo del Prado y Recoletos y entre la Calle de Atocha y la Carrera de San Jerónimo se concentra este Madrid literario. Por su trazado cruzan arterias tan reconocibles como la Calle de Cervantes, llamada Calle de Francos hasta que Miguel de Cervantes Saavedra muriera en el edificio de la esquina de esta vía con la Calle León (Calle de Cervantes, 2), frente al legendario Mentidero de los Comediantes o de los Representantes, donde se reunían dramaturgos, críticos y comediantes. Ni siquiera Fernando VII pudo evitar que la Casa de Cervantes fuera demolida en 1833. En la nueva construcción que ocupa su espacio, una placa homenajea al escritor y una inscripción en el empedrado guía nuestros pasos para iniciar la ruta con un pasaje de El Quijote. Curiosamente, la primera parte de esta, su obra maestra, se imprimió a pocos metros, en la Imprenta de Juan de la Cuesta de la esquina de la Calle Atocha, 87, donde una placa recuerda la afortunada apuesta del editor Francisco Robles, cuatro siglos atrás. La dirección es desde 1954 sede de la Sociedad Cervantina.

Casa convento de 1612 de las Trinitarias Descalzas e iglesia conventual de San Ildefonso. Calle Lope de Vega. Madrid

Paralela a Cervantes y Atocha discurre la Calle de Lope de Vega, aunque el lugar donde vivió y murió este prolífico autor del Siglo de Oro se encuentra en el número 11 de la Calle de Cervantes. Convertida y nombrada Casa Museo de Lope de Vega, la construcción que el escritor definía como “mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio” recrea la vida cotidiana de finales del siglo XVI y principios del XVII, que tan magistralmente describió el Lope más costumbrista. La Calle de Quevedo une la de Cervantes y la de Lope de Vega. En la esquina con ésta vivieron Luis de Góngora y, después, Francisco de Quevedo. Una placa recuerda solamente al último como proclamándolo vencedor de la rivalidad entre ambos, bien conocida por todos sus vecinos. También en Quevedo nació el Nobel José de Echegaray. A unos pasos se encuentra su calle. Girando en Lope de Vega, en el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso está enterrado Miguel de Cervantes. En este monasterio se ordenaron una hija suya y otra de Lope. Tan querida era esta familia en el distrito que, al morir Lope de Vega, su cuerpo en procesión hacia la cercana Iglesia de San Sebastián, en la Calle de Atocha, 39, donde está enterrado, pasó por el Convento para que sor Marcela de San Félix pudiera despedir a su padre desde la ventana.

Azulejo en la fachada de la iglesia de San Sebastián que indica el enterramiento de Lope de Vega

Sobre el antiguo cementerio de la Iglesia de San Sebastián se erige hoy el Jardín del Ángel (Calle Huertas, 2), una floristería que ha heredado el romanticismo del enamorado Lope cuando cantaba aquello de “quejosas, Dorotea, están las flores, que las colores las habéis hurtado”. En esta iglesia se despidió a otros escritores como Juan Ruiz de Alarcón y Ramón de la Cruz, además bautizado en ella, igual que Leandro Fernández de Moratín, quien también vivió en el barrio en la que hoy es su calle, José de Echegaray y Jacinto Benavente, y se unió en nupcias a Gustavo Adolfo Bécquer con Casta Esteban y Navarro y a Mariano José de Larra con Josefa Wetoret. Un poco más abajo, en el 18 de la Calle Huertas, también vivió Cervantes. Para que puedas recorrer sus pasos y visitar estos lugares emblemáticos de la tradición de Madrid, te proponemos hoteles y hostales económicos en el corazón de la ciudad.

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